Quizá mañana cuando lea esto diga, vaya chorrada, pero bueno, el alcohol ha echo su efecto.
Hoy voy a hablar del olvido.
No de olvidar una cosa y encontrarla al día siguiente, no. El olvido a una persona.
Nunca se puede olvidar a alguien, eso de primeras. Cuando digo alguien, me refiero a alguien con el que hayas tenido el mínimo contacto para saber cómo es.
Dejar una relación nunca es fácil, pero cuando se consigue, el primer paso es olvidar dicha persona.
Que no se olvida de la noche a la mañana.
Es tiempo.
En mi caso, [a partir de aquí va a ser autobiográfico, así que a los que no os interese, podéis abandonar el blog] he estado con una persona, a distancia, durante año y medio.
18 meses. Y en mi caso, fue una relación a distancia como he dicho. Los padres de ella tenían familia en mi pueblo y venían de vez en cuando.
Bien, al principio de conocernos, muy bien, la ilusión de vernos, la espera no era para tanto...etc.
Más tarde la ilusión dicha entonces, se convirtió en frustación y desgana. Ya no era estar dos semanas ilusionándose, sino que era dos semanas de frustación y de cabreo para ver dicha persona un par de días.
La relación nunca ha ido mal. Peleillas sin importancia de vez en cuando pero nada serio.
Pero ya la situación fue insostenible.
Ambas partes nos dimos cuenta de que eso no iba a ningún lugar, que si seguíamos iba a ser siempre así, no iba a cambiar nada.
Hasta que llegó el momento de dejar las cosas claras y cada uno por su lado.
Quizá es lo mejor, porque como ya dije antes, el futuro no nos acompañaba.
Pero cuando un fuego arde, poco, pero arde, hay que saber apagarlo. Y no se apaga facilmente.
Además siendo un fuego, que mientras seguía vivo ardía. A veces más y a veces menos, y llegaba un momento en que ardía tan fuerte que todo lo que había alrededor se incendiaba. Pero con el cabo del tiempo, cada vez el fuego ardía menos, y ese ímpetu de potencia calentaba pero no para abrasar.
Y ese es el problema, que el fuego no se apagaba, pero se mantenía moribundo hasta que prendía durante poco tiempo para volver a estar casi muerto. Eso era progresivo. Cada vez a menos, hasta que llegara el momento en que el fuego se apagaba.
Nunca se ha llegado a apagar. Pero a ese fuego ya no se le echa más combustible. Sigue ardiendo, lenta y dolorosamente hasta que se consuma para siempre.
Y cómo dice el título de la entrada, hasta olvidar que hay que mantener el fuego, y así que siga su curso de la naturaleza, que es apagarse. Espero que algún día se apague eternamente, porque ahora lo único que hace es chamuscar las más profundas entrañas de mi corazón. Pero no va a arder, y va a seguir a así hasta que se apague. Y no se apaga.
Y no se apaga...
No hay comentarios:
Publicar un comentario