jueves, 18 de febrero de 2010

Oscuro

Imagina que vas andando por un camino. Tropiezas, pero no caes.

Sigues andando como si no hubiera pasado nada. Vuelves a tropezar, ésta vez has estado a punto de darte en los morros.

Sigues andando, hasta que te pegas la leche de tu vida. Te cuesta la eternidad volver a levantarte y seguir. Éstas confuso, pero aún así sigues.

Ahora, sin darte cuenta, caes sobre un hoyo de 200 metros. Estás muy herido, y es imposible salir.
Los días pasan, y cada vez te hundes más, el agujero se hace cada vez más grande, como si se tratara de magia.

Con el paso del tiempo ves que en ese agujero no se está tan mal. Te gustaría seguir ahí durante un tiempo. No se ve nada, todo está oscuro, pero aún así te atrae. Te das cuenta que la luz está muy lejos. No te rindes. Descubres que puedes volver a avanzar. No por arriba, sino por abajo.

Avanzas pero a la vez, el hoyo se hace más grande. Ya no te importan ni hoyos ni ostias, sólo quieres sobrevivir.

Te gusta estar así. Te vuelves cada vez más maduro y más sensato.
No sabes a dónde va a llevar ese camino, ni te importa.
Sólo esperas que no te encuentres a nadie en ese agujero, porque es tuyo.
Algún día ya pensarás salir de él.

Pero no hoy.

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